¿Puede resurgir una dictadura en Europa? (La tercera ola).


Entre otras, en mi carrera hubo dos asignaturas de psicología, y en una de ellas me tocó hacer un trabajo sobre un experimento que me llamó mucho la atención. El que realizó Stanley Milgram para demostrar si era cierto eso que decían muchos oficiales Nazis en los juicios de Nüremberg, que ellos sólo obedecían órdenes. Entre sus conclusiones, Milgram dijo lo siguiente en The Perils of Obedience (Los peligros de la obediencia. 1974):

Los aspectos legales y filosóficos de la obediencia son de enorme importancia, pero dicen muy poco sobre cómo la mayoría de la gente se comporta en situaciones concretas. Monté un simple experimento en la Universidad de Yale para probar cuánto dolor infligiría un ciudadano corriente a otra persona simplemente porque se lo pedían para un experimento científico. La férrea autoridad se impuso a los fuertes imperativos morales de los sujetos (participantes) de lastimar a otros y, con los gritos de las víctimas sonando en los oídos de los sujetos (participantes), la autoridad subyugaba con mayor frecuencia. La extrema buena voluntad de los adultos de aceptar casi cualquier requerimiento ordenado por la autoridad constituye el principal descubrimiento del estudio.

La verdad es que los resultados de dicho experimento me preocuparon mucho. Es evidente que se puede manipular a la gente de muchas maneras, pero parece que la clave está en hacerlo de modo gradual. Un ejemplo claro lo tenemos en la película El Pianista, que narra la historia real de cómo se fue segregando a los judíos en las zonas ocupadas por los alemanes hasta que se les envió a los campos de exterminio Nazis a través de la narración de uno de los supervivientes, Władysław Szpilman.

Las conclusiones de otros experimentos como los de Sherif o Asch también pueden ayudar a comprender de qué modo se puede lograr que sucedan cosas que nos parecen impensables a día de hoy. Y sobre eso quiero hablar hoy.

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Fuente: http://criticapositivadecine.blogspot.com.es/2013/05/la-ola.html

Ayer vi en televisión una película de la que no había oído hablar, una producción alemana llamada “La ola” (Die Welle, 2008), que presenta cómo un profesor de instituto tiene que explicar a sus alumnos lo que es la autocracia como parte de una semana extracurricular cultural (otro profesor tiene que explicar a otra clase lo que es la anarquía). Tratándose de alumnos alemanes, pronto salen las quejas basadas en “no podemos seguir avergonzados por algo que no hemos hecho” y “ya hemos aprendido la lección”. Pero sobre todo, parece imperar la idea que en la Alemania del siglo XXI no puede volver a repetirse algo como el nazismo. Así que el profesor opta por simular un sistema autocrático en clase. Les deja elegir a su dictador, saliendo él mismo como tal, a partir de ese momento se empiezan a imponer normas, un código común de vestuario, etc. En sucesivas clases se genera un nombre para el movimiento (evidentemente “La Ola”), se crea un saludo, un uniforme, etc. Pronto el experimento empieza a salirse del control del profesor. Recomiendo encarecidamente que vean la película, de modo que no voy a contar nada más sobre la misma.

Al terminar, pensé que era una fiel representación de lo que comento al principio del artículo, pero que reflejaba el proceso demasiado rápido, que nunca sería de ese modo, sino mucho más gradual. Me equivocaba.

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Resulta que la película está basada en un experimento real, que llevó a cabo un profesor de instituto en Estados Unidos. Recibió el nombre de la Tercera Ola, y fue básicamente del mismo modo, y a la misma velocidad, que se narra en la película. El profesor Jones nos cuenta el resultado del experimento:

Jones escribe que empezó el primer día del experimento (lunes 3 de abril de 1967) con cosas simples, como sentarse apropiadamente, insistiendo hasta que los alumnos fueran capaces de entrar al aula y sentarse correctamente en menos de treinta segundos sin hacer ruido. Luego procedió a ejercer más estrictamente la disciplina, tomando un rol más autoritario, lo cual resultó en una drástica mejora del rendimiento de los alumnos. 

Jones finalizó la primera lección con algunas reglas, aún pensando en que sería tan solo un experimento de un solo día. Los alumnos debían estar sentados y atentos hasta la segunda campana y tenían que levantarse para hacer preguntas, las cuales debían estar formuladas en tres palabras o menos, siempre empezando con las palabras “Sr. Jones”.

Para el segundo día había logrado convertir la clase de historia en un grupo con profundo sentido de disciplina y comunidad. Jones nombró al movimiento “La Tercera Ola”, inventó un saludo similar al del nazismo, y ordenó a los alumnos a saludarse de esa forma incluso fuera de clase. Todos los alumnos obedecieron la orden.

El experimento tomó vida propia, con alumnos de toda la escuela uniéndose a él: el tercer día la clase había pasado de 30 a 43 alumnos. Todos ellos mostraron mejoras académicas y una gran motivación. Todos obtuvieron una tarjeta de miembros, y les fueron asignadas tareas (como diseñar un logo de La Tercera Ola, no permitir que entrase al aula ningún alumno no perteneciente al movimiento, etc.). Jones les enseñó a sus alumnos cómo iniciar a nuevos miembros, y para el final del día, ya contaba más de 200 miembros. Jones se vio sorprendido de que alguno de los miembros le reportasen si alguno de los otros no cumplía las reglas del movimiento.

El jueves, cuarto día del experimento, Jones decidió terminar con el movimiento puesto que se estaba perdiendo el control del mismo: los alumnos se estaban involucrando demasiado, y su disciplina y lealtad para el movimiento era notable. Anunció a los alumnos que La Tercera Ola formaba parte de un movimiento a nivel nacional y que al día siguiente un candidato presidencial del movimiento anunciaría públicamente la existencia del mismo. Jones ordenó que asistieran al día siguiente a una reunión para presenciar el anuncio.

Jones se preocupó acerca del resultado del ejercicio y lo detuvo al quinto día. En vez del prometido anuncio, les fue presentado un televisor en el que sólo se veía ruido blanco. Luego de unos minutos, Jones anunció que habían sido parte de un experimento sobre el fascismo, y que todos voluntariamente se habían creado un sentido de superioridad, similar al de la población nazi. Luego pasó una película sobre el régimen nazi para finalizar el experimento.

Y todo esto viene a colación de, además de mi curiosidad por la maleabilidad de la mente humana, de las noticias que salen últimamente sobre responsables políticos que se declaran fascistas abiertamente sin repercusiones de ningún tipo sobre sus carreras en el sector público. En una coyuntura de paro y miseria como la que se está viviendo en nuestro país actualmente, no se debe perder de vista el riesgo claro y absoluto de resurgimiento de movimientos políticos autocráticos en España. Sólo hay que mirar a Grecia, por ejemplo. Y es la cuna de la democracia.

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2 Comentarios Agrega el tuyo

  1. Marluna dice:

    Al leer el post me pareció muy interesante porque aunque es un régimen que nos parece ya tan lejano e imposible que vuelva a suceder, es bastante probable que tengamos ya algunas semillas implantadas en distintas ramas de la sociedad.
    Había leído sobre el experimento en el colegio (no conocía la peli pero cuando tenga un rato libre la veré) pero sobre todo son los resultados los que sorprenden. Creo que el “éxito” en el adoctrinamiento de los estudiantes por parte del autor del experimento se basa en el uso de la disciplina, aprovecharse de la necesidad de los jóvenes (y los no tan jóvenes) del sentimiento de pertenencia a un grupo, creando un vínculo con el que se sientan seguros, donde les den indicaciones claras sin espacio para pensar consiguiendo con ello que se sientan superiores incluso llegando a negar la propia responsabilidad en sus actos y; finalmente, cuando estas herramientas fallan, crear incertidumbre y utilizar el miedo para aplacar a aquellos que podrían dudar y revolver las aguas.

    Pero me surge una duda….¿sólo las dictaduras emplean estas herramientas? ¿Acaso las familias Ford, Rockefeller, etc no formaron parte de la construcción de los primeros sistemas educativos basados en la disciplina y la autoridad para fomentar individuos autómatas que cumplieran con lo que se les indicara?
    Desde mi punto de vista (humildemente) estos comportamientos han estado y están en la sociedad muy vigente y no tenemos que fijarnos sólo en los grupos radicales que, por desgracia, están resurgiendo en varias partes del mundo gracias a personas que disfrutan con el título de “líderes” con ideologías a veces sin pie ni cabeza sino que podemos verlo en el día a día.

    Estudiantes, trabajadores de todos los gremios, etc que aceptan la realidad como se la pintan y actúan según le dicten sin hacerse cuestionamiento alguno. Claro que hay que reconocer que para la gran mayoría es mucho más cómoda esa postura porque de esta forma no hay que esforzarse en crear un criterio propio, elegir y ser responsable de las consecuencias, porque lo que suele ocurrir con los regímenes autoritarios es que la responsabilidad nunca será del/a señor/a de a pie (pobrecitos/as de ellos/as) sino de los que redactan decretos e imponen las normas.

    ¿Una nueva dictadura en Europa? Creo que hace tiempo que vivimos en una dictadura (no solo en Europa) marcada por el mercado financiero pero camuflada de democracia donde nos dicen que podemos hacer, que no hacer, que es un derecho y que no lo es, y que es lo que debemos consumir sin importar a quien afecte obteniendo a cambio el beneficio de pertenecer a un grupo u a otro dentro de la sociedad. Lo que es triste (a mi parecer) es que preferimos hacernos los bobos, llorar en casa, discutir en los bares y no intentar cambiar la realidad (aunque esté en nuestras manos) porque ….lo nuevo podría ser peor ¿no?

    ¿Y qué hacer? Pues cada uno (más o menos dentro de lo que nos dejan) es libre de elegir la opción que mejor le convenga (desde no hacer nada, trabajar localmente en su entorno, meterse en política o hasta convertirse en activista) Por mi parte….opto por actuar en el día a día, con la gente con la que se convive porque creo que es a través de la información, el intercambio de opiniones e impresiones y la educación (bien entendida) donde nos abrimos a nuevas ideas, valores, modelos de vida y nos enriquecernos, luchamos contra la intolerancia y así podremos llegar a convertirnos en ciudadanos críticos, autónomos, participativos y responsables de sus acciones a los que, al menos en principio, les resultaría más difícil engatusar para llegar a modelos de gobierno donde no se respete a un igual, como los del experimento del colegio.

    Gracias por tu post!

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  2. Primero déjame darte las gracias por tan interesante comentario, ciertamente creo que aciertas en todo lo que dices. Que todos en mayor o menos medida estamos expuestos a la manipulación, es un hecho. Depende de que seamos o no ciudadanos críticos el que nos afecte más o menos. Y de eso depende el futuro, más aún en un momento como este en el que lo estamos escribiendo día a día y se aproximan grandes cambios. Más bien están sucediendo ya.

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