Antes de publicar, verificar: #StopBulos


Si sueles leer el blog, sabrás que lo habitual es que publique mis propios artículos, y en dos o tres raras ocasiones he “reblogueado” algún tema que me ha resultado muy interesante o sobre el que no podría haber escrito mejor.

En esta ocasión es algo totalmente diferente, una de esas sinergias que se crean a veces gracias a las redes sociales, y es la tuitera María Isabel López Escalante*, @YsabelEsc , quien me ha hecho llegar un artículo que ha escrito para que lo publique en el blog, así que espero que te resulte tan interesante como a mi:

Antes de publicar, verificar: #StopBulos

Llevo tiempo notando una tendencia entre mis contactos en las redes sociales que me alarma. Independientemente de su nivel social, cultural o intelectual, y del tema que se trate, cada vez más gente comparte y difunde información FALSA: son víctimas de bulos, como mucha gente, que la mayoría de las veces sólo pretende compartir una opinión, airear una noticia o informar de un peligro para una víctima inocente o para la población en general, sin conocer que están difundiendo una mentira.

Yo siempre he desconfiado mucho en internet, no sé si mi formación me ha llevado a tener un sentido crítico que me empuja, no pocas veces, a dudar de cosas que son verdad, pero también a descubrir hoaxes que me asombra que no hayan sido detectados por quienes los publican. Por ello se me ha ocurrido, con la inestimable ayuda de Juan Luis, realizar un (espero) breve resumen de los pasos a dar para evitar, en la medida de lo posible, publicar/publicitar un bulo.

Hay miles de fórmulas de bulos, casi tantas como redes sociales, o más, por lo que, para simplificar, me voy a centrar en dos medios: el que distribuye un particular y el que se vale de un nombre conocido para darle credibilidad al contenido. En ambos casos, cabe preguntarse “¿es que es necesario ir de desconfiados por la vida? Me fío de quien me lo ha hecho llegar y listo…” No se trata de no fiarse de quien nos comparte el posible bulo, sino de internet como fuente fiable de información. Para ello hay una serie de marcadores que nos pueden ayudar a identificar cuándo vale la pena investigar un poco más. “¿Y si no tengo tiempo?” Espera, no hay prisa, mejor ir sobre seguro. Pasemos a ver los ejemplos.

naranjas

El primero, difundido por particular, lo ejemplificaré con esta imagen:

Pistas de que es un bulo:

Nº 1: ¿qué datos da? Los bulos suelen incluir datos a medias, contenidos que dan apariencia de informar, pero que no dicen nada. En el ejemplo se habla del “servicio de Algeria” ¿qué servicio? ¿Es oficial? Entonces ¿por qué lo comenta un particular y no hacen un comunicado oficial? o ¿cuándo se ha detectado este caso? También suelen usar nombres de instituciones falsos, o modificados para que no coincidan con los verdaderos.

           Nº 2: coherencia. Este punto es un poco más difícil de explicar, pero es básicamente que no haya partes del texto que te hagan rechinar los dientes como si estuvieses chupando un limón, eso sí, sin HIV. En este caso, el que hable de “Algeria” y “Libya”, o la frase “estan injectadas con Sangre que tienen El HIV &AIDS” provocan que los miembros de la RAE sientan una perturbación en la fuerza. La mezcla de un mensaje que se da tintes de información seria y relevante con una especie de “Spanglish” que lo único que consigue es cargarse la gramática del español y del inglés a partes iguales suena, como poco, raro.

Otro detalle sobre la coherencia es que en la frase “estan injectadas con Sangre que tienen El HIV &AIDS” no queda claro quién es el portador de la enfermedad: son naranjaS (plural) con sangrE (singular) que tieneN (plural) el agente infeccioso… ¿la sangre tienen o las naranjas tienen? Y si son las naranjas ¿para qué les “injectan sangre”? Esto ya es más rizar el rizo, pero ahí está.

        Nº 3: Faltas de ortografía. Sí, lo sé, en las redes sociales se escribe rápido y mal, pero se nos vende esta información como algo sumamente importante, un asunto lo suficientemente serio como para que la persona que lo escribe se pare a comprobar que no se le cuelan faltas como “EMERJENCIA” “cantida” o “benian”, para lo que, por ejemplo, el chrome tiene un corrector que te señala en rojo brillante las posibles patadas al diccionario.

Nº 4: piensa que te lo cuenta alguien a quien detestes. Si un amigo, alguien querido, nos cuenta algo, tendemos a creerle, al fin y al cabo, existe un cariño mutuo… Pero es mejor evitar este sentimiento en redes sociales (ojo, hablo de información compartida, no publicada directamente por nuestros allegados) para poder ver las cosas con un poco más de sentido crítico. Si tu peor enemigo, ese, el tonto del… en fin, te dice que las naranjas están “ injectadas con Sangre que tienen El HIV &AIDS” lo mínimo que le dices es “menudo cacao mental tienes”, ya que se mezcla el virus (VIH) con la afección (SIDA) que desencadena en una especie de unión indivisible… y transportable en cítricos.

Pasemos al segundo ejemplo, basado en imitar una cuenta oficial para darle credibilidad a un bulo… He de decir que este es creación propia, así que permitidme que le pida perdón de corazón a la redacción de El País, a los miembros de la RAE y a cualquiera que sepa usar el Photoshop, de verdad, era necesario.

FAKE creado para este artículo por la autora.
FAKE creado para este artículo por la autora.

Pistas de que es un bulo:

            Nº 1: ¿qué datos da? En este caso también se requiere fijarse en los datos de la supuesta fuente oficial. El tuit lo publica supuestamente @el_pais_fls ¿es esa la verdadera cuenta de Twitter de El País? ¿Tiene cuenta en esa red social? Con buscar en Google “El País Twitter” se comprueba que no es la verdadera cuenta del periódico.

También es significativa, como en el otro caso, la falta de detalles concretos: “un colejio” ¿de dónde? ¿Cuándo ha ocurrido? ¿Y los niños, es que nadie se preocupa por los niños? (Léase esta última frase con la voz de alguno de los personajes de Los Simpsons, como Moe Szyslak o Helen Lovejoy, que la pronunciaron en algún momento). Por mucho que haya un supuesto enlace a la noticia, que ya aviso que no tiene nada que ver, la información es demasiado vana, demasiado imprecisa, impropia de un medio de comunicación con años de experiencia en el medio. Así mismo, la foto se puede sacar tranquilamente de (San) Google buscando “circuito impreso casero”, tal y como hice yo misma, y no aporta ninguna información que nos ayude a ubicar este evento en el espacio o en el tiempo.

          Nº 2: coherencia. En este ejemplo, un periódico de tirada nacional ha llamado “viejos” a los fallecidos en este inédito suceso, no ancianos, ni adultos, ni tan siquiera abuelos, que sería mínimamente admisible al englobarse en un contexto escolar, no, son VIEJOS, así, sin anestesia, que solo falta que ponga que no se ha perdido demasiado, total, para lo que les quedaba en el convento… En fin, otra vez.

En este caso también hay un detalle de coherencia para nota: Twitter tiene un límite de 140 caracteres, es decir, entre letras, espacios y signos de puntuación no puedes superar los ciento cuarenta… Si contáis los caracteres de este tuit modificado, supera en unos 10 el máximo admitido por esta red social. En mi ejemplo la diferencia es poca, pero he visto un tuit-fake con DOSCIENTOS caracteres… Sé que es un engorro ponerse a contar, pero como regla general, si el tuit es muy largo, huele a chamusquina.

            Nº 3: Faltas de ortografía. De acuerdo, últimamente la prensa está perdiendo la bella costumbre de tener una persona cuidando el estilo de la publicación, pero ¿Alguien se imagina un periódico como El País (o el ABC, o el New York Times…) cometiendo aberraciones del tamaño de “acesino” “colejio” o “cienbra”? Por no hablar del hecho de que, supuestamente, la misma persona ha escrito primero “exclusiva” y una línea más abajo “esclusiva”, cosa muy normal, vamos, que así se aseguraba de acertar alguna vez, digo yo.

            Nº 4: piensa que te lo cuenta alguien a quien detestes. Si ese al que no le crees ni cuando dice “buenos días” te cuenta esta noticia, ¿no te da por preguntarte qué hacen siete ancianos en un colegio? No estaban en un parque, o en un centro social, estaban en un colegio, ¿por qué? ¿Y a quién se le ocurre acercar si quiera un robot asesino a un centro educativo? ¿Quién va a dedicarse a matar ancianos en un colegio y para qué? Ese odio se puede extender, en este caso, al medio de comunicación: piensa que lo ha publicado esa cadena de televisión que no pones ni por hacer zapping, o ese periódico que consideras indigno incluso para que los pájaros hagan su nido, y el espíritu crítico florecerá en ti.

Y todo esto, pensaréis, ¿a qué nos lleva? ¿Cómo se puede saber si lo que se nos cuenta es cierto o no? Porque seguro que hay oscuras fuerzas que intentan esconder el acesinato del robot y las naranjas algelianas… lo de las teorías de la conspiración da para mucho, pero existe un método muy sencillo…

  Búscalo en Google

Busca palabras clave, como pueden ser “naranjas Argelia SIDA” en el primer caso, o “Robot acesino El País” en el segundo, para comprobar que hay algo que no cuadra, que puede ser una, o varias, de estar opciones:

  • Alguien se ha molestado en demostrar que es un bulo: suele verse más claramente si a las palabras clave añadimos “bulo” “fake” u “hoax”, que son tres formas de decir que nos están tomando el pelo.
  • Siempre aparece la misma imagen o información repetida literalmente, no hay nadie más que hable de ese tema: es lo que le llamo “verdad retroalimentada”: una única fuente de información se postula como la conocedora de una noticia tan relevante, sin más base que la palabra de quien lo afirma, sin que haya nadie que lo publique con su propio estilo o añadiendo más datos.
  • Google te advierte “Quizá quiso decir…” o no hay respuestas. La falta de información también es un indicio de que nos están intentando vender humo, ya que las noticias verdaderas suelen tener bastante repercusión en la red de redes, y eso se nota en las búsquedas de Google. También el que haya pocas entradas hace sospechar.

Pero ¿y si sigo dudando pero quiero ayudar a salvar a unos gatitos de ser metidos en botellas por malvadas empresas que sólo quieren enriquecerse con el maltrato? Pues comparte también tus dudas, recuerda que a la hora de compartir tienes la posibilidad de añadir comentarios propios. Un simple “suena raro” en Twitter, o un “no sé si fiarme, pero por si las moscas lo comparto” en Facebook, dará pie a que tus contactos te ayuden a verificar la información, y si descubren que es mentira, por favor, después de agradecer la colaboración, bórralo, no lo mantengas en circulación.

Sé que puede resultar algo pesado el tener que realizar esta verificación cada vez que queremos compartir algo en una red social, pero también nos resultaba lento el manejar las redes sociales cuando empezábamos a manejarlas, y al final nos acostumbramos. Los bulos son dañinos, nos quitan credibilidad, buen juicio y empobrecen el uso de las mismas. Creo que es importante no hacer eco de este tipo de contenidos, muchos de ellos maliciosos, y apoyar propuestas como #StopBulos, promovida por los equipos de VOST, que luchan por información veraz y concentrada en “apoyar a las cuentas de los servicios de emergencia en Twitter a hacer Protección Civil ayudando a viralizar su mensajes y, sobre todo, a detectar y neutralizar bulos y rumores”, tal y como mencionan en su página web.

P.S: Definitivo, la brevedad no es lo mío, gracias por leerme.”

María Isabel López Escalante, es licenciada en Filosofía, experta en Bioética y Bioderecho y futura TES. Puedes seguirla en Twitter en su cuenta: @YsabelEsc

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2 Comentarios Agrega el tuyo

  1. Estoy de acuerdo con todo lo expuesto EXCEPTO CON EL ÚLTIMO PUNTO de compartir incluso con la duda. Si tienes dudas lo mejor es dirigirte a la fuente directamente. Igual esa persona ni se ha dado cuenta de que ha compartido una información falsa y lo corrige gracias a tu interpelación. Si no lo tenemos claro, es mejor no compartir la información..

    Y el punto de “leerlo como si lo dijera alguien que te cae mal” es buenísimo. Una buena técnica.

    Saludos y gracias por escribirlo 😉

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