Una historia de infarto…


Por @jldecastellvi

Hace muchos años, en la misma etapa de la historia anterior, nos tocó ir a un servicio de rutina en un centro de salud. Un infarto, que para el que lo sufre y su familia es terrible, pero para nosotros es el pan nuestro de cada día aunque pueda sonar raro.

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Ambulancias medicalizadas en el Hospital Insular. Foto propia.

Al llegar ya todo era un poco extraño. Mucha gente entre la puerta de acceso al centro de salud y la consulta donde estaba el paciente. Y la Guardia Civil también presente. Bastante raro. Total, que entramos para que nos cuenten. El medico no estaba por ningún lado y había varias enfermeras con el paciente, que nos ponen al día y se van a seguir atendiendo al resto de pacientes del centro de salud. Lo que de que cuando llega la medicalizada todo el mundo se marche era bastante habitual, se supone que nos bastábamos para todo y el personal del centro de salud tiene más pacientes que seguir viendo, pero nunca viene mal otro par de manos. Así que al menos una se quedó a ayudarnos, no recuerdo bien si hubo alguien más, creo que una segunda enfermera.

En fin, que el hombre tenía un señor infarto, y nuestro médico decide aplicar un tratamiento fibrinolítico. Es un tratamiento que tiene sus pros y sus contras, así que hay que firmar una autorización de consentimiento informado porque como casi todos los actos medicos, puede salir mal también. El paciente estaba grave, y habíamos tenido que ir y volver varias veces a la ambulancia a por material, pasando cada vez entre toda la gente “inamistosa” que había en el camino. (todavía no sabíamos a causa de qué). La ventaja es que nos veían correr de un lado a otro y podían asumir que estábamos ocupados, y preocupados, por el paciente. En la medicalizada nunca vas solo a hablar con la familia, así que allá que voy con el médico, para pedirle a la mujer del paciente que firme la autorización para poder aplicar el tratamiento. Y ahí es cuando nos enteramos de cuál es el escándalo El problema venía porque acusaban al médico del centro de no haber atendido al enfermo, de decir que era una crisis de ansiedad y no un infarto, y de no hacerle caso hasta que no se desplomó. Así que la mujer no estaba muy contenta ni receptiva. Como se pueden imaginar.

El médico no lograba hacerla entrar en razón y el tiempo jugaba contra el paciente, así que apelando a todo mi famoso tacto, le hice mirarme a los ojos y me presenté por mi nombre, preguntándole el suyo. Me dijo que se llamaba María Jesús, pero que todos la llamaban “Jesu” y le dije claramente que su marido estaba muy grave, que si no aplicábamos el tratamiento era muy probable que empeorase mucho o incluso que falleciera, pero que si se aplicaba había muchas posibilidades de que saliera adelante, aunque también riesgos (que el médico ya le había explicado). Vamos, que se lo puse negro sobre blanco a la pobre mujer. Pero ella se había negado a firmar porque decía que su marido ya estaba muerto y que no queríamos dejarla verlo. La verdad es que todo aquello era muy duro para ella. También nos dijo que una de sus hijas, que andaba por allí, era estudiante de enfermería, pero los estudiantes de lo que sea,para el que está trabajando en urgencias en plena faena, son como tener un primo concejal en Cuenca. No era momento para meter a nadie con tanta tensión con el follón que teníamos dentro, y no olvidemos que era otra época en la que no se dejaba a la familia presenciar maniobras delicadas. Así que la convencí de que antes de irnos le podría dar un beso. de hecho, teníamos que pasar por delante de ella camino de la ambulancia. Así que firmó y nos fuimos de nuevo a la consulta para poder seguir atendiendo al paciente. Todo preparado, desfibrilador, tubo, respirador, medicación,etc. Si la cosa se torcía, estábamos preparados para reaccionar inmediatamente. Se aplicó el tratamiento y todo aparentemente bien. Otro electro y a la ambulancia. Abrimos la puerta, salimos de la consulta y nos paramos delante de Jesu. Sin dejar de mirar al paciente y el monitor, claro, y le digo a ella: dígale hasta luego a su marido, que en un rato lo ve en el hospital”, ella le dice algo, le da un beso y JUSTO EN ESE MOMENTO él fibrila. Vamos, que empieza a sufrir una parada cardiaca, para que se me entienda. Delante de su mujer y toda su familia. En frío hay que alegrarse de que fuera así, si llega a pasar dentro, ella nunca se hubiera creído que acababa de pasar. Total, que golpe precordial del médico,volvemos dentro,empiezo las compresiones torácicas,se intuba,lo recuperamos y nos vamos al hospital.

Un par de guardias después, el médico nos cuenta que se encontró con la familia en el hospital y que el paciente ya estaba en planta, sin secuelas de ningún tipo. Una alegría enorme para todo el equipo. Ahí se acabó esa rocambolesca historia. ¿Seguro? No, claro que no. Pues poco antes de mudarme a Bruselas, en mis últimos meses en el servicio de emergencias, estaba tomando café en el centro de salud con la enfermera de guardia, Sabrina, amiga desde hacía un par de años atrás,y hablando un poco de todo, menciono el nombre de un medico de mi equipo.. y ella dice “ese fue el médico que le salvó la vida a mi padre”. Así que le pido que me cuente, y cuando empieza la interrumpo y le digo: “fue en tal centro de salud, y tu madre se llama Jesu”… ……….

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8 Comentarios Agrega el tuyo

  1. Antonio Campos dice:

    Ésa es la verdadera compensación de nuestro trabajo.
    Me siento MUY identificado. Un abrazo

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    1. Muchas gracias Antonio, sin duda son los servicios que se lleva uno para siempre. También hay de los otros, pero no merece la pena contar cosas tristes. Un abrazo para ti también.

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  2. sabrina dice:

    Así fue amigo salvaron a una familia…a todo esto tengo que añadir un par de detalles.
    – La guardia civil estaba allí por nuestro caso pero no la llamamos nosotros la llamó otra paciente que estaba indignada en como nos había tratado el médico, poniéndonos en la calle cuando le pedíamos por favor y con mucha educación que volviera a valorar a mi padre que no se encontraba bien que lo había dejado sólo en una habitación, afirmando que lo que tenía era una crisis de ansiedad. La guardia civil se acercó a nosotros y no podíamos ni hablar, por lo que ni denuncia se hizo. El médico estaba saliendo por otra puerta con todos los papeles cuando la guardia civil llegó, era una guardia comprada.
    – La ambulancia medicatizada llegó a tiempo a asistir a mi padre porque venían de un servicio en un centro de salud cercano en el que no pudieron hacer nada porque el paciente había fallecido, dicho paciente era el padrino de mi padre.
    Bueno…gracias a ese gran equipo esta historia acabó muy bien y tenemos Aniceto para rato, una excelente persona y un gran luchador, un padre ejemplar. Yo aprendí mucho de mi historia y hoy por hoy en mi trabajo intento escuchar y empatizar, estoy en el otro punto de vista ahora y me encanta lo que hago…no siempre las cosas salen como nos gustaría pero es fundamental ser humilde y tratar como nos gustaría que fuéramos tratados.

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    1. Todo sirve en la vida, pero por fortuna ese fue un servicio con final feliz. La memoria hace estragos cuando se llega a mi edad (XD), gracias por corregir lo de la Guardia Civil.
      De este tipo de cosas, y de otras mucho más tristes, siempre se aprende, la empatía y el cariño a los pacientes, en cualquier situación, debe ser una premisa fundamental. Hoy en día se estila mucho dejar a la familia ver las maniobras, y probablemente aquel día habría ayudado mucho. Pero bueno, bien está lo que bien acaba. Tengo la dicha de haberte conocido, de haber podido trabajar contigo, aprender de ti (que no hay nadie que te conozca y no te quiera por tu calidad humana y profesionalidad), y de haber podido conocer a tu familia cuando descubrimos que nuestras vidas se habían cruzado hace tantos años. Un besazo y muchos recuerdos a tus padres y a tu hermana.
      Juan Luis.

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  3. koki dice:

    A mi me hicieron llorar una ves en la calle.me paro un hombre y me dio las gracias.le pregunte porke?.y me dijo porke tu fuiste el que consiguió que mi madre sonriera por ultima ves antes de fallecer

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    1. Pues lágrimas de emoción, que eso es precioso. Felicidades 😉

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  4. Antonio Falcón dice:

    A pesar de conoceros tanto a ti como a Sabrina no conocía la historia. Es algo maravilloso lo que sucedió y lo que seguirá sucediendo porque esa es nuestra meta. Un abrazo grande compañero y mañana se lo daré a Sabrina..!!

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    1. Ya ves, tu camino y el mío se había cruzado en Arguineguín muchos años antes de trabar amistad, la vida da muchas vueltas, y las islas no son tan grandes. Pero la historia de Sabrina es muy especial. 😉

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